miércoles, 18 de noviembre de 2009

La ciudad que ama grecia

La entrada al ~Café Bijoux~ era el lugar de encuentro con quien le llevaría a Montpellier por la mitad del precio del tren. M. ocupaba un puesto importante en una empresa de comercio internacional, ganaba mucho dinero y compraba muchas cosas. Un día decidió viajar a India y su vida cambió por completo. No se que será, pero ningún occidental vuelve a su cotidaneidad después de visitar ese país. Recordé las narraciones de Alberto Moravia y de P.P. Pasolini, quienes ante la imposibilidad de evocar mediante sus escritos -lo que significa India-, se limitaban a describir situaciones o aromas... M. por supuesto que no pudo explicarme qué fue lo que lo cambió, me dijo simplemente "tienes que ir". A su regreso vendió todo lo que tenía, se cambió de trabajo, de casa y comenzó a nutrir lo que el dinero no puede (¿adivinan qué es?). Es muy gratificante encontrar personas que miran el otro lado de la bonanza europea, aquellxs críticxs, inconformmistas, antinacionalistas e imprescindibles de cada país que te reafirman cuando piensas que todo se está yendo al carajo. Otro punto más para el covoiturage.

Llegamos a Montpellier de noche y no pude evitar dar una vuelta por esa ciudad que me encantó desde el primer momento. Sus calles están muy iluminadas y rebosantes de gente. Me sorprendió también la cantidad de ~clochards~ (mendigos) que hay, es muy típico que se acompañen por perros. éstos los abrigan y protegen de los robos de los otros mendigo. Creo que son también un salvavidas. N. me contó una vez que fue un clochard en una época de drogas y vagancia. Un día un amigo le regaló una perra y nació en él el compromiso de ocuparse de ella, alimentarla y "sacarla de la calle", fue así, gracias a ella que abandonó la calle y ahora viven felices en una ciudad del norte. Esa noche llegué a la casa de Eric, un inspector que vive momentáneamente en mi residencial. Estaba junto a su esposa y sus hijos. Comimos algo típico de la región junto a una botella de Moscato. Después me aconsejaron algunos puntos de interés para visitar al día siguiente. Era un día viernes y mientras llovía a cántaros en Orléans, el sol me saludaba en la mañana. Bajé al centro y arrendé una bicicleta.

Un alcalde de Montpellier, Georges Frêches, es fanático de la cultura griega y se ocupó, durante su mandato, de estrechar los vínculos entre la ciudad y sus comediterráneos. Abundan entonces bustos y estatuas de deidades y motivos helénicos y resalta sobretodo ~Antígona~, un barrio de arquitectura neo-griega diseñada por el arquitecto Ricardo Bofill. Me aguanté el hambre esperando encontrar un sucucho típico en el barrio, graso error, lo que tenía de bello, lo tenía de caro y cuico. Antigone termina a las orillas del río Lez, donde se puede hacer cayac y otras actividades acuáticas.

Siguiendo el mapa de la ciudad llegué al ~Jardin des plantes~ (Jardín de plantas). Tal como en otras ciudades de Francia, es un jardín botánico que alberga miles de especies que recogieron científicos en sus viajes por el mundo. Resfriado como estaba maldije la flojera que me impidió leer el libro de plantas medicinales de la casa de mi madre y me contenté con recoger algunas hojas de menta (que no sirvieron de mucho...). Sentado en medio de una hilera de pinos gigantes me puse a conversar con una "viuda blanca" que me recordó que tenía que olvidar el mapa y perderme por ahí.
El jardín es genial. Aunque queda en el corazón de la ciudades muy apacible y tranquilo, en el centro llegas a perder completamente los ruidos de los autos. Hay muchas personas leyendo, contemplando el paisaje y jugando con sus niños. Si viviera en Montpellier sería uno de mis lugares favoritos.

Esa semana se celebraba el festival de cine mediterráneo, el que recoge filmes de todos los países colindantes. Una de las joyas en exhibición era el último filme de Theo Angelopoulos, "The Dust of Time" y para el estreno lo presentó él mismo!! Lamentablemente ya había pasado la fecha (mierda!) y asombrosamente el filme todavía no encuentra distribuidor en Francia, así que tendré que esperar un poco más para verla. En fin...
Las entradas para el cine estaban muy caras (5 Euros por función), así que entré a ver un sólo filme: "Les inmigrés" de José Vieira. Es un documental sobre inmigrantes portugueses que retornaban a su país luego de haber trabajado toda su vida en países como Francia o España. Todos tenían en común el extraño sentimiento de ya no pertenecer a su país natal (ni tampoco al país donde fueron a trabajar). Era como si hubieran dejado un importante pedazo suyo en Portugal, el cual quedaría congelado esperando su regreso después de emprender un viaje motivado por la necesidad.
Pero después de varios años, cuando llegó el ansiado momento del reencuentro, se dieron cuenta de que ese pedazo en sepia se había marchitado y el pequeño espacio que les tenía reservado estaba ahora ocupado por otras personas, otras casas, otra vida… Cortados los vínculos espacio-temporales, se vieron obligados a recomenzar una nueva vida a los 50 o 60 años, teniendo como únicos vínculos el idioma, su cultura y las costumbres que el chovinismo pudo salvar. Al ver a esos hombres y mujeres tan contrariadxs, volví a preguntarme de qué sirve la bandera, la patria y el nacionalismo. Creo que las enfermedades que afectan a las personas, como el “mal del país”, la nostalgia por el eterno retorno de Ulises o de Kundera, así como también la discriminación racial y los grupos fascistas ultranacionalistas tienen arraigados hasta la médula esos tres elementos. Personalmente prefiero despojarme de ellos y agarrarme a cualquier otra cosa para fortificar el espíritu, ¿y ustedes?

Tuvimos la oportunidad para compartir un rato con el director del filme al final de la proyección, así que aproveché para preguntarle que según él cuáles eran las cosas a las que se aferraba esa gente para soportar su –viaje- en el extranjero. No supo responderme. Supongo que cada uno encuentra su propia roca a la cual agarrarse. En todo caso la motivación de mi viaje es muy distinta a la de ellos, al de Fortuna, Geneviève, Stephane, Mary y la gran mayoría de quienes se descueran el lomo para encontrar el pan en Chile, lejos de sus cunas, en estos momentos…

Después del cine llamé a Kumar, q quien había contactado por couchsurfing, pero esa historia la dejo para otro día.

Vuestro,

R.





lunes, 16 de noviembre de 2009

Un paseo en Toulouse

Toulouse es mundialmente conocida como "la ciudad rosa", ya que gran parte de sus edificios principales, iglesias y residencias están construidas con ladrillos. Resaltan principalmente las vistas desde altura, la plaza principal y el bosque de las mediaciones que desapareció devorado por el fuego de los hornos que fabricaban los ladrillos. También es una ciudad que cuenta con una de las universidades más populares de Francia, la ~Université du Mirail~, por lo que reboza de estudiantes, bares y por supuesto, vida nocturna. Tener 24 años y llegar un sábado por la noche a Toulouse es simplemente genial. Llegué a la casa de Gerardiss que habita junto a Raúl y Juan desde hace 3 a­ños (y al pelao desde hace 2 meses). Está en el corazón del barrio latino, en el segundo piso de una cité. Es muy acogedora al igual que sus moradores. Esa noche era el cumpleaños #24 de mi compadre, así que como lo esperaba, la mesa rebosaba de distintos licores y los rostros de los cabros ya estaban algo deformados. Antes de sacarme la mochila ya tenía un vaso de vodkatónica en la mano.
-Toma weón, pa' que te pongas a tono! Me dijo Raúl, que después de laburar 60 horas esa semana enarbolaba su wiskacho con la clara intención de "recuperar el tiempo perdido". Después de una rápida ducha nos fuimos a una pizzería vecina a encontrarnos con los amigos del Gerald.
A que no adivinan quién era el dj' del cumpleaños... Sí! El pelao, así que nos tuvo bailando a punta de cumbia, pachanga y los clásicos del 18, de los cumpleaños años nuevos, etc. de la "música chilena".
-¿Son chilenos cabros? Pregunté uniéndome a un grupo.
-Sí. Me respondieron casi al unísono.
-Ahhhhh. Dije y rápidamente se hundieron en sus conversaciones.
Después de un rato reconocí a J. quien hace 1 doctorado de cine en la ESAV de Toulouse. Había intercambiado con él unos mails hacía un rato para saber como era el instituto.
-Wena J.! Yo te escribí el año pasado pa saber como era la ESAV! Que cuático encontrarnos por estos lares...
-Ah... Sí... Se dio media vuelta y siguió hablando con otra persona.
Que onda estos locos???!!! Pensé para adentro. Me han recibido de la manera más fría entre toda la gente que he conocido hasta ahora ... Derrepente me sentía en medio de una exclusiva y celosa elite de los elegidos por las fuerzas del destino para venir a estudiar a Francia. Ellos llevaban la increíble e inalcanzable experiencia de 3 años y yo cumpliría en 5 días más apenas 1 mes en este país. Claramente para ellos era un pollo. Lejos de sentirme así me fui picoteando mi segundo vaso de licor hacia el dj'.
-Bubo, ¿vamos a una fiesta erótica?
-¿Ah?
-Hermano, imagínate puras minas con máscaras y semi desnudas ofreciéndote copete, bailando y haciendo performances como en "ojos bien cerrados"...
Creo que me demoraría más pensando cuanto es 1+1 que lo que me demoré en responderle después de escuchar eso.
Llegamos al centro de Toulouse que rebosaba de gente, pasamos a comprar un par de Bordeaux del 2004 y fuimos a "la casa". Caminamos entre algunas callecitas estrechas hasta perder el ajetreo universitario hasta llegar a unos portones de 8 metros de alto de madera maciza que tuvimos que empujar entre los 2. Todo tenía un aire muy "under", lo cual aumentaba mis ansias. Subimos unas escaleras de caracol y tocamos una puerta.
-Bienvenus! Dos voluptuosas mujeres con zapatos de taco alto, ligas negras, corset ajustado y plumas sobre sus cabezas nos daban la bienvenida con esa palabra que ahora hace eco en mis oídos.
La casa estaba repleta de gente. Mujeres salidas de una revista de moda, hasta 30 cms. más altas que nosotros se paseaban vestidas como bailarinas de can-can o trajes ornamentados muy eróticos. Habían también travestis, ~dragkings~ que lucían sus mejores trajes y hombres vestidos con latex negro amordazados con bolas rojas seguidos de sus ~dominatrix~ de taco de aguja y mirada fija.
De los altos techos de la casa colgaban pañuelos y lámparas. Los pasillos estaban recubiertos con extensas láminas de cartón piedra que tapaban los ángulos rectos de las esquinas. Al caminar tenías la impresión de perderte por eternos pasillos curvilíneos. Cada pieza tenía una iluminación y ornamentación especial. Una de ellas tenía un rincón con cojines tapado por cortinas de terciopelo rojo que dejaban entrever un grupo de hombres y mujeres que jugaban entre ellos. Al lado había una barra con brebajes que tenías que degustar con los ojos tapados. La idea era atacar todos los sentidos. La sala principal era la de las performances. Llegamos ahí justo cuando comenzaba un streapteasse de sombras chinescas. Ebrios de música y alcohol la gente comenzaba a rozarse entre si mientras una sombra femenina se deshacía lentamente de sus medias caladas. La música seguía un compás monótono y repetitivo sobresaltado por la voz de la cantante. Una sombra andrógina se unía a su par para ayudarla con el corset mientras la canción aumentaba el frenesí. La gente respondía frotándose, tocándose y besándose con toda normalidad abrigados por la penumbra de una habitación débilmente roja.
Todos y todas habían acordado tácitamente convertirse en seres anónimos esa noche. Habían salido a perderse entre ellos, a satisfacer su carne con carne, a saciar una necesidad básica en una sociedad que garantizaba saciar todas las demás. Estábamos en un espacio anónimo que anónimamente había recibido a personas anónimas desde el siglo XVIII y que seguramente seguiría haciendo lo mismo mucho tiempo más casi al lado de una de las iglesias más famosas de Europa.
Al rato salimos a buscar la mobillette del 76' del pelao, la cual puedes manejar sin permiso gracias a su pequeña cilindrada.
-¿Cómo funciona esto?
-Mira. Aceleras así y frenas asá.
-Ah ya. Déjame dar una vuelta...
Me subí a la moto y aceleré olvidando completamente frenar. Al cabo de 2 minutos ya no podía encontrar a mi compadre, así que pase media hora recorriendo la ciudad de noche.
Como queriendo competir con París, Toulouse (y muchas otras ciudades de Francia) adorna sus calles, puentes y edificios con luces. Hay muchas instalaciones bonitas y otras horrendas.
Como no pude encontrar al pelao me fui a la casa a esperar a los cabros. Al rato llegaron y terminamos entre mexicanos, peruanos, franceses y chilenos hablando en universalmente difícil y casi siempre incomprensible lenguaje del psico.