lunes, 16 de noviembre de 2009

Un paseo en Toulouse

Toulouse es mundialmente conocida como "la ciudad rosa", ya que gran parte de sus edificios principales, iglesias y residencias están construidas con ladrillos. Resaltan principalmente las vistas desde altura, la plaza principal y el bosque de las mediaciones que desapareció devorado por el fuego de los hornos que fabricaban los ladrillos. También es una ciudad que cuenta con una de las universidades más populares de Francia, la ~Université du Mirail~, por lo que reboza de estudiantes, bares y por supuesto, vida nocturna. Tener 24 años y llegar un sábado por la noche a Toulouse es simplemente genial. Llegué a la casa de Gerardiss que habita junto a Raúl y Juan desde hace 3 a­ños (y al pelao desde hace 2 meses). Está en el corazón del barrio latino, en el segundo piso de una cité. Es muy acogedora al igual que sus moradores. Esa noche era el cumpleaños #24 de mi compadre, así que como lo esperaba, la mesa rebosaba de distintos licores y los rostros de los cabros ya estaban algo deformados. Antes de sacarme la mochila ya tenía un vaso de vodkatónica en la mano.
-Toma weón, pa' que te pongas a tono! Me dijo Raúl, que después de laburar 60 horas esa semana enarbolaba su wiskacho con la clara intención de "recuperar el tiempo perdido". Después de una rápida ducha nos fuimos a una pizzería vecina a encontrarnos con los amigos del Gerald.
A que no adivinan quién era el dj' del cumpleaños... Sí! El pelao, así que nos tuvo bailando a punta de cumbia, pachanga y los clásicos del 18, de los cumpleaños años nuevos, etc. de la "música chilena".
-¿Son chilenos cabros? Pregunté uniéndome a un grupo.
-Sí. Me respondieron casi al unísono.
-Ahhhhh. Dije y rápidamente se hundieron en sus conversaciones.
Después de un rato reconocí a J. quien hace 1 doctorado de cine en la ESAV de Toulouse. Había intercambiado con él unos mails hacía un rato para saber como era el instituto.
-Wena J.! Yo te escribí el año pasado pa saber como era la ESAV! Que cuático encontrarnos por estos lares...
-Ah... Sí... Se dio media vuelta y siguió hablando con otra persona.
Que onda estos locos???!!! Pensé para adentro. Me han recibido de la manera más fría entre toda la gente que he conocido hasta ahora ... Derrepente me sentía en medio de una exclusiva y celosa elite de los elegidos por las fuerzas del destino para venir a estudiar a Francia. Ellos llevaban la increíble e inalcanzable experiencia de 3 años y yo cumpliría en 5 días más apenas 1 mes en este país. Claramente para ellos era un pollo. Lejos de sentirme así me fui picoteando mi segundo vaso de licor hacia el dj'.
-Bubo, ¿vamos a una fiesta erótica?
-¿Ah?
-Hermano, imagínate puras minas con máscaras y semi desnudas ofreciéndote copete, bailando y haciendo performances como en "ojos bien cerrados"...
Creo que me demoraría más pensando cuanto es 1+1 que lo que me demoré en responderle después de escuchar eso.
Llegamos al centro de Toulouse que rebosaba de gente, pasamos a comprar un par de Bordeaux del 2004 y fuimos a "la casa". Caminamos entre algunas callecitas estrechas hasta perder el ajetreo universitario hasta llegar a unos portones de 8 metros de alto de madera maciza que tuvimos que empujar entre los 2. Todo tenía un aire muy "under", lo cual aumentaba mis ansias. Subimos unas escaleras de caracol y tocamos una puerta.
-Bienvenus! Dos voluptuosas mujeres con zapatos de taco alto, ligas negras, corset ajustado y plumas sobre sus cabezas nos daban la bienvenida con esa palabra que ahora hace eco en mis oídos.
La casa estaba repleta de gente. Mujeres salidas de una revista de moda, hasta 30 cms. más altas que nosotros se paseaban vestidas como bailarinas de can-can o trajes ornamentados muy eróticos. Habían también travestis, ~dragkings~ que lucían sus mejores trajes y hombres vestidos con latex negro amordazados con bolas rojas seguidos de sus ~dominatrix~ de taco de aguja y mirada fija.
De los altos techos de la casa colgaban pañuelos y lámparas. Los pasillos estaban recubiertos con extensas láminas de cartón piedra que tapaban los ángulos rectos de las esquinas. Al caminar tenías la impresión de perderte por eternos pasillos curvilíneos. Cada pieza tenía una iluminación y ornamentación especial. Una de ellas tenía un rincón con cojines tapado por cortinas de terciopelo rojo que dejaban entrever un grupo de hombres y mujeres que jugaban entre ellos. Al lado había una barra con brebajes que tenías que degustar con los ojos tapados. La idea era atacar todos los sentidos. La sala principal era la de las performances. Llegamos ahí justo cuando comenzaba un streapteasse de sombras chinescas. Ebrios de música y alcohol la gente comenzaba a rozarse entre si mientras una sombra femenina se deshacía lentamente de sus medias caladas. La música seguía un compás monótono y repetitivo sobresaltado por la voz de la cantante. Una sombra andrógina se unía a su par para ayudarla con el corset mientras la canción aumentaba el frenesí. La gente respondía frotándose, tocándose y besándose con toda normalidad abrigados por la penumbra de una habitación débilmente roja.
Todos y todas habían acordado tácitamente convertirse en seres anónimos esa noche. Habían salido a perderse entre ellos, a satisfacer su carne con carne, a saciar una necesidad básica en una sociedad que garantizaba saciar todas las demás. Estábamos en un espacio anónimo que anónimamente había recibido a personas anónimas desde el siglo XVIII y que seguramente seguiría haciendo lo mismo mucho tiempo más casi al lado de una de las iglesias más famosas de Europa.
Al rato salimos a buscar la mobillette del 76' del pelao, la cual puedes manejar sin permiso gracias a su pequeña cilindrada.
-¿Cómo funciona esto?
-Mira. Aceleras así y frenas asá.
-Ah ya. Déjame dar una vuelta...
Me subí a la moto y aceleré olvidando completamente frenar. Al cabo de 2 minutos ya no podía encontrar a mi compadre, así que pase media hora recorriendo la ciudad de noche.
Como queriendo competir con París, Toulouse (y muchas otras ciudades de Francia) adorna sus calles, puentes y edificios con luces. Hay muchas instalaciones bonitas y otras horrendas.
Como no pude encontrar al pelao me fui a la casa a esperar a los cabros. Al rato llegaron y terminamos entre mexicanos, peruanos, franceses y chilenos hablando en universalmente difícil y casi siempre incomprensible lenguaje del psico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario